Todos Nacemos para Esperar

Aparentemente, dadas las circunstancias, todos hemos de nacer para Esperar.

Esto es más evidente durante nuestros primeros 21 años, mientras transitamos dos ciclos de dependencia parental.

 

 

 

 

 

 


Así es que, si lo analizamos con humor…

Esperamos 9 meses para nacer.

Cuando nacemos esperamos que no nos tiren para arriba, para ver si volamos.

Sí pasamos esa prueba, esperamos a que nos alimenten.

Cuando por fin nos alimentan, esperamos que nos hagan el «provechito».

Cuando hacemos la digestión, inflamaciones intestinales mediante, esperamos evacuar.

Cuando lo hacemos, esperamos llanto de por medio, que nos limpien.

Cuando nos limpian, esperamos que nos cambien el pañal.

Mientras dura este penoso proceso de crecimiento, esperamos poder gatear, antes que nos apresuren el ciclo de desarrollo y nos hagan caminar antes de tiempo.

Si sobrevivimos al periodo de la niñez, esperamos que nos lleven al jardín maternal y poder entablar algún tipo de relación fuera de casa, esperamos que nos vengan a buscar, a ver si todavía se olvidan y nos dejan con gente extraña.

Con gran esfuerzo (que no podemos ni tenemos el mecanismo para manifestarlo), pasamos ese periodo y ya esperamos comenzar con el ciclo primario de la escuela.

Aquí comienza otro periodo de espera. Esperamos caer simpático a la «Seño» (docente, maestra), esperamos la hora de recreo, esperamos que no nos mande muchos deberes (tareas), esperamos el timbre de salida (la campana, antiguamente), esperamos que vengan a buscarnos, porque sino no nos dejan salir.

Cuando estamos en casa, esperamos que nos esperen con el almuerzo o la merienda, esperamos el turno para bañarnos, esperamos que se olviden de preguntarnos si tenemos tareas, así, ese tiempo lo dedicamos a jugar.

Mientras va pasando este periodo, esperamos que la compañerita que a mi gusta, guste de mí.

Cuando llegan las finales, esperamos pasar los exámenes, si aprobamos, esperamos continuar el difícil ciclo de la secundaria, para lograr entender y comprender que es lo que significa vivir en este planeta, hasta superar este ciclo de debilidad orgánica llamada Adolescencia.


 

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