Lo Dogmático y lo Cotidiano

Nuestro idioma castellano está impregnado de palabras dogmáticas.

Quienes no están dentro de un mismo núcleo de creencia, les resulta dificil su comprensión y entendimiento, y por ende, la convivencia con otros.

Quizás desconozcan que el lenguaje dogmático es abstracto y absoluto, que no permite discusión alguna. Es un lenguaje propio para un claustro religioso, y que, usado en sociedad, produce irritación en quien quiere proyectarse. Incluso, es habitual que los efectos de estas palabras sean atribuídos a alguna manifestación de comportamiento o conducta «antisocial».

Otra característica es que en lo dogmático prevalece o predomina una filosofía de resignación, de temores y de miedos, que impide el «libre» y amplio concepto de la comunicación.

Y, ¿Cuáles son estos miedos? Son varios y variados. El ‘miedo’ más arraigado se ha «impreso» lentamente en el pueblo creyente y, éste es el ‘miedo a Dios’. Luego, y en orden sucesivo, se encuentra el ‘miedo al infierno’, ‘miedo a la pérdida del paraíso’, ‘miedo al sufrimiento eterno en el fuego’, ‘miedo a que la noche es mala y que sólo el día es bueno’, ´miedo a tener placer y a procrear, porque es pecado’, interpretaciones que ‘el cuerpo es de satanás’, y ‘que sólo Dios es el que cura’, ´miedo a la Ciencia porque es diabólica’, entre muchos otros. Estas creencias han sido heredadas desde el tiempo de la inquisición y separa a las personas de su fé, de su creencias, de las creencias de sus ancestros, tan necesaria en estos días como contención espiritual.

Quizás en su «mundo» dogmático, aquellos que siguen «ciegamente» una Ley…, sientan que «viven» en su mundo como si fuera el único, que los otros no están presentes, o peor aún, que a los que sienten a Dios de otra forma, se los deben consideran «enemigos» o «infieles».

Quizás tengan toda la razón de juzgar que la «vida» es así… Sin embargo, ¿Qué hay para los que tienen otro tipo de creencia, o simplemente ya no creen en nada?, ¿Se los aísla?, ¿Se los discrimina?, ¿Se los persigue?, ¿Se los ignora?, ¿Se los elimina?… Que terrible perspectiva. Esta actitud, ¿Corresponde a un estilo de fundamentalismo? Preferiría pensar que sólo sea un error de interpretación, a modo de reflexión optimista, para evitar caer en el prejuzgamiento que aquí expongo.

Elijo creer que es sólo una ocurrencia mía, como para darme el tiempo suficiente, para elaborar un poco esta sensación de depresión y tristeza, también de angustia, que me provoca conocer el origen de algunas «cosas», que al ofrecerlas en instituciones reconocidas, caen en huecos culturales. De todos modos, se que hay personas en alguna parte del planeta que están esperando estas interpretaciones que aportan un lenguaje más ecuménico para favorecer el encuentro religioso más saludable y coherente, entre sus fieles que siguen esas pautas y conviven en sociedad.


Entre lo creyente y lo agnóstico, entre el mundo espiritual y el mundo material,

sería importante encontrar el camino del medio, el de la ecuanimidad,

en donde los huecos culturales no llegan, y es posible compartir, ser útil,

y ser parte en un espacio más tranquilo y sereno dentro de la misma sociedad.

Maestro Kao


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