La Felicidad ¿Un desafío a lograr?

La Felicidad ¿Tiene que considerarse un desafío a lograr?

La pregunta abre un planteo de lectura confusa, y a la vez conflictiva.

 

Confusa, porque se asocian dos palabras que se contraponen entre sí: Felicidad y Desafío. Maestro Kao
Por esta razón, creo conveniente definir cada una de ellas:


La Felicidad

La Felicidad, más allá de las acepciones que se indiquen por sinonimia, tiene su raíz en el Dogma, dando un significado de expansión de un sentimiento profundo, que es la FE.

Cuando decimos ‘Felicidad’, estamos expresando con palabras una sensación, un sentimiento, un impulso primario y expansivo con el cual quisiéramos que de una u otra manera, les llegue a todos por igual.

Como referencia de esta palabra, encontramos frases como estas:»¡Que lo cumplas Feliz!», «¡Felicidades!», «¡Feliz Noche Buena!», «¡Feliz Viaje!», «La felicidad hahahah…me la dio tu amor hohohor» (canción argentina), «Me siento Feliz»…


El Desafío

Desafío, más allá de los términos que le asigna la sinonímia, significa «sacar la fe», también, «dejar al otro sin confianza», «quitarle su fe», «generarle un desánimo», dejarlo sin fuerza interna (energía).

Como referencia de esta palabra, encontramos frases como estas: «Desafiamos a cualquiera (quienquiera), que nos investigue», «Lo desafiamos a que logre su objetivo». En ambas expresiones, denota un desanimo psicológico para frustrarle al otro su intento para lograr algo.


El Planteo

Teniendo conocimiento de ambas definiciones, y analizándolo desde el ‘Efecto de las Palabras en la Salud de las Personas’, se abre un interrogante: LA FELICIDAD, ¿TIENE QUE CONSIDERARSE UN DESAFÍO A LOGRAR?

Evidentemente, en un principio, el planteo es un tanto confuso, porque la Felicidad es un concepto dogmático que implica lo espiritual, lo anímico y lo volitivo (que fortalece el impulso primario físico o etérico de conectividad con los otros). Desafío, por su parte, en el lenguaje común, significa: enfrentar, reto, desdén, duelo, bravata, entre otras.

Al querer considerarlas o asociarlas, se rebaja y desmerece a la ‘Felicidad’, una palabra que en sí misma revela un estado de plenitud interna, que está lejos de compararse con algo tan primitivo y conflictivo, como lo es un desafío.

Ahora, si de algún modo, se quiere seguir adelante con la idea de que ‘la Felicidad sea un desafío a lograr’, sepa que estará más cerca de conseguir una frustración, que de alcanzar ‘felicidad’ con salud. Quizás lo logre en algún momento, pero su camino será arduo y lleno de situaciones conflictivas, que le asumirá mayor exigencia y energía, debilitando otros aspectos de su vida cotidiana.


¿Qué recomiendo para evitar esta confusa combinación de palabras?
La forma de modificar este conflicto destructivo es reemplazar el término desafío por otras palabras menos confusas. Cada lector logrará analizar cual es más aplicable al uso que le quiera dar. Entre ellas: objetivo, meta, aspecto, camino, sueño, anhelo, sensación.


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